Hay casualidades con forma de recuerdo que ahogan. Sí, las hay.
Esas que te recuerdan lo ruines que pueden llegar a ser tus pasos si te dejas llevar por los sentimientos. Las mismas con las que aterrizas en el suelo sin haberlo deseado. Sí, las hay. Pero también hay casualidades que te recuerdan que todavía estás vivo y tienes ganas de irradiar. Esas gracias a las cuales regresas a casa con una sonrisa desencajada. Momentos que compartes sin planearlo, tan solo surgen de la nada y te dejas llevar, porque sí, porque te apetece, porque te sientes bien. Tan bien que quieres explicarlo pero quizá no encuentres las palabras, porque no, porque no puedes hacerlo o porque simplemente no quieres ni pararte a buscarlas. Simplemente desentierras tus sentidos que tenías guardados en la tumba del silencio solitario. Solitario porque hacía tiempo que sentías dormido el placer de compartir momentos, ilusiones, experiencia. Quizá por decepciones, por circunstancias ajenas. Quizá. Porque te sientes tan sola entre la multitud, que te acostumbras y ni te das cuenta de las cosas que puedes perder si no despiertas. Y de repente, justo ese día, te cruzas con alguien que, por alguna casualidad, se detiene a tu lado. No sabes por qué, pero tienes la sensación de conocerla de toda la vida. No lo piensas, tan sólo te dejas llevar. Pasan los días y sientes su necesidad, su energía, su fuerza. La sientes. Y ya no te apetece mirar atrás, ni ahogarte sola en los recuerdos. Prefieres convertirlos en rima, en risas, en complicidad. Porque sí, porque merece la pena y porque sientes más cerca tus sueños, sea o no real, qué más da, sólo cuenta que lo sientes, ahora sí eres capaz. Y todo gracias a la casualidad.
Hay casualidades con forma de recuerdo que ahogan. Sí, las hay. Pero no cuando estás cerca.
¡Gracias por recordarme despertar!
lunes 16 de noviembre de 2009
La inmortalidad de la nada
Construiste tus vestidos del ayer
con retales del mañana,
enterrando tus sueños de papel
en una sábana mojada.
Arrojaste tus piedras del mañana
con guantes bordados del ayer.
Retales de ilusiones ahogadas
que sólo tú puedes recoger.
Vendiste tus esquinas del ayer
por nuevas farolas del mañana,
buscando tan sólo conquistar
una nueva ventana alumbrada.
Quedaste perdido en el tiempo
confundiendo las miradas del ayer
con los intentos del mañana.
Y todo queda en nada.
con retales del mañana,
enterrando tus sueños de papel
en una sábana mojada.
Arrojaste tus piedras del mañana
con guantes bordados del ayer.
Retales de ilusiones ahogadas
que sólo tú puedes recoger.
Vendiste tus esquinas del ayer
por nuevas farolas del mañana,
buscando tan sólo conquistar
una nueva ventana alumbrada.
Quedaste perdido en el tiempo
confundiendo las miradas del ayer
con los intentos del mañana.
Y todo queda en nada.
domingo 30 de agosto de 2009
La virtud del defecto

A veces me levanto y lo primero que me viene a la cabeza es la pregunta del sentido existencial. Curiosamente cuando me acuesto, vuelvo a abandonarme en el límite del mundo real con la misma pregunta. Y hoy lo he entendido, a las dos menos diez de la madrugada, con Handbags and Gladrags de fondo y un cúmulo de emociones y sentimientos expectantes. Y ahí he visto la respuesta, justo cuando no me lo estaba preguntando. Justo cuando intentaba luchar contra mi resaca de desilusiones. Desilusiones creadas por el exceso de tiempo vacío, por el empecinamiento de encontrar respuestas a todo, por la obsesionada búsqueda de la razón. ¿Cómo se puede ser tan emocional y a la vez tan racional, tan pasional y a la vez tan calculadora? Lo sé, ya lo estoy haciendo otra vez. Y a eso es a lo que me refiero, no hay respuesta, no hay un sentido existencial por defecto, el defecto lo ponemos nosotros al buscarlo. Nada tiene más sentido que el que le queramos dar. Por eso ahora sé que mi atmósfera existencial lo tiene y no necesito ponerle nombre, pero sí decir que aunque no tenga nombre, sí tiene protagonistas que lo hacen posible, como tú, que con un sencillo post has sabido sacarme de mi burbuja de carmín, desmaquillar mis lágrimas más dulces y abandonar la inexistente obviedad de mis sombras. Por un instante, por un efímero pero eterno instante, he logrado conseguir lo que te decía esta tarde que algún día lograría: poder teletransportarme. He mirado hacia atrás como tú, desde el minuto 0 de nuestros pasos, año por año, peldaño por peldaño, lágrima por lágrima, triunfo por triunfo y lo he conseguido, he vuelto a estar allí, donde todo empezó, en un mini solar lleno de saltamontes, rodeadas de niñatos apuntándonos con el dedo. Y ahí fue donde dimos vida a nuestro mundo paralelo, donde todo tenía el sentido que nosotras queríamos darle en cada momento y en cada lugar. Hemos crecido, hemos corrido, nos hemos caído, pero nuestro pequeño mundo sigue intacto.
Ahora sé que mañana me levantaré y ya no tendré que preguntarme por el por qué rutinario, no, ya no, gracias a ti y a las pocas personas que conformáis mi defecto más valioso: el sentido.
martes 2 de junio de 2009
Martes, ni te cases ni te embarques

Yo más bien me embarcaría, lo dejaría todo, hasta mi ropa, y huiría desnuda, sin descanso, sin retraso, sin frío. Empezar desde cero en cualquier parte lejos, tan lejos de mí como de ti, allí donde tus silencios no me persigan en forma de susurros, allí donde nadie sea capaz de ver mi desnudez, de leer mi piel. Allí donde sólo pueda encontrar un yo alejado y un tú disfrazado. Piénsalo, sería perfecto poder correr sin que el aliento parara nuestros pasos, sin que el tiempo nos indicara que estamos apunto de morir fatigados. Eso es lo que quiero, lo que busco, lo que persigo. Sólo eso, correr desnuda hacia ninguna parte con tu ausencia de la mano.
Hoy me he dado cuenta de que los recuerdos son pequeñas gotas de cera recalentada por la intensidad de un sentimiento vivido. Tanto ha sido así que al mirar a mi alrededor veía velas por doquier. Así que lo primero que he hecho ha sido encenderlas todas y apagarlas a la vez, enterrando así mi etapa esclavista de recuerdos.
martes 12 de mayo de 2009
Ms DaDiCiLeF

El azul, la esencia de distancia en un camino infinito, unión de dos cuerpos en la lejanía, manos enlazadas por un deseo, una ilusión, notas de esperanza con gotas de sosiego. Azul protagonista del momento, momento dulcemente invadido por la intangibilidad de un mundo sensible, momento en el que la luz de fondo se vuelve cada vez más fuerte, como tú, como yo, porque en la luz y en la claridad guardamos nuestros destinos. Ahí delante, donde sólo tú puedes caminar conmigo, con sigilo e imprudencia, pero con atino. Ahí, hacia donde tus pies se dirigen sin control. No sabes bien dónde vas, pero no puedes dejar de caminar, porque algo te mueve con tanta fuerza que no puedes abandonar tus pisadas, ahora no. Y hacia allí te diriges, conmigo de la mano, mucha luz, mucho ruido, pero todo es hermoso, tanto como tus zapatos, sin agujeros, mojados y secados por tus propios suspiros. Nada te detiene, no pares, estás vivo, siente, comparte y sigue caminando hacia ninguna parte, porque ahora sí tiene sentido, se llama felicidad. Bienvenido.
sábado 24 de enero de 2009
Desproporción de los sentidos

A veces es difícil encontrar respuestas a la inexplicable reacción de nuestros sentidos. A veces, y sólo a veces, conseguimos hallar una mueca esclarecedora que da sentido a todo lo demás, pero sólo a ese demás, porque lo que realmente buscamos es entender lo ininteligible. Y esa es la magia, ese sabor agridulce con el que te quedas tras comprobar que no existe parte racional alguna con la que excusar nuestros sentimientos, nuestros comportamientos. Cara magia con la que pasas eternas noches de naufragio entre sueños y deseos. Te acuestas, te levantas. Las 5 de la mañana y sigues ahí, después de haber convertido tu sofá en el testigo y compañero incondicional en el viaje del absurdo. Absurdo porque carece de sentido machacarse, y lo sabes. Pero ahí sigues, ingeniando mil maneras de mantenerte en el aire, preocupándote tan sólo de que tus pies no choquen contra el suelo, ese suelo que te devuelve la angustia y el sueño. Porque confiésalo, no puedes dormir porque no quieres hacerlo. Tienes miedo de cerrar los ojos y no ver nada. De despertarte y comprobar que sí existe el equilibrio y que las cosas vuelven a estar en su sitio. Miedo a no seguir ahogándote en el agujero inconfesable de su deseo.
Sé que mis palabras te hieren y te envuelven en sosiego, pero tranquila pequeña all star, yo no estoy aquí para despertarte, tan sólo aparezco y desaparezco para ayudarte a pisar el suelo sin chocarte, a abandonar tus temores y a disfrutar de la dulce desproporción que experimentamos cuando nos volvemos a enamorar.
Dedicado a una de las personas más importantes de mi vida. Sé que lo estás pasando mal y por eso te escribo esto. A veces las palabras ajenas ayudan más que las propias. Sueña, desea y lucha, porque esa es la única fórmula para conseguir las cosas.
Rompiendo las barreras del sonido
Hoy me he levantado con secuelas ivanistas, cómo no, después de haber podido disfrutar durante dos horas largas de un acústico envuelto de luces, endulzado por el mágico sonido de un pequeño y cutre piano, tan cutre como su esencia. Y es por eso por lo que me encanta, por su sencillez llevada al extremo. Pero no más que por sus canciones, esas canciones que tantas tardes han ahogado mi ansiedad, encontrando en sus letras las palabras exactas con las que describir lo inenarrable. Por él, por la música, por esos momentos del directo, donde se rompen las barreras del sonido (XD) y te dejas llevar más allá de las fronteras efímeras del tiempo o la distancia (XD). Olvidas todo, tu nombre, tu rabia, tu tristeza, centrando todas tus fuerzas en luchar porque ese azul (XD) no desaparezca, deseando que la casualidad nos alcance (XD), nos absorba con un simple bemol y nos llene de valor para marcharnos (XD) cuando todo haya acabado. Sea como fuere, siempre creeré en la casualidad, pero bien sabemos que si nos dejamos arrastrar por ella y no jugamos parte de nuestra partida, nos puede ahogar.
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